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La Unión Europea en el sistema comercial multilateral

La Unión Europea, como primera potencia comercial mundial y protagonista principal de las negociaciones de la Ronda Uruguay, sigue desempeñando un papel de primer orden en los trabajos de la OMC . Es totalmente partidaria del objetivo de liberalización del comercio mundial fomentada y garantizada por medio de normas multilaterales decididas por consenso.

A partir de la Conferencia Ministerial de la OMC que se celebró en mayo de 1998 en Ginebra, la Unión Europea militó a favor del inicio de una nueva ronda de negociaciones globales. Además de permitir que se avanzara por la vía de la liberalización multilateral, esta «Ronda del milenio» debía abordar asuntos como la agricultura y los servicios (ya incluidos en la denominada built-in agenda), la negociación clásica para la liberalización del comercio de productos no agrícolas, la definición de normas más precisas relativas a la contratación pública, la inversión y la facilitación del comercio, así como las relaciones complejas entre comercio, competencia, medio ambiente y normas sociales. Otros ámbitos también debían ser objeto de debates, por ejemplo la lucha contra la falsificación y la piratería, el reconocimiento recíproco de las normas técnicas y los medios de permitir a los países menos avanzados una mejor participación en el comercio internacional.

Tras el fracaso de la Conferencia de Seattle en 1999, la Comunidad siguió insistiendo bilateral y multilateralmente para que se iniciara una nueva ronda de negociaciones amplia, lo que se acordó en la Conferencia de Doha celebrada en 2001, donde se estableció un ambicioso programa de trabajo que se ha dado en llamar “Programa de Doha para el Desarrollo” (DDA en la sigla inglesa), lanzando con ello la Ronda de Doha, o "Ronda de Desarrollo de Doha".

Durante todo el periodo en que se han llevado a cabo las negociaciones, la Comunidad ha mantenido una clara posición de liderazgo y ha tenido en cuenta el objetivo de desarrollo de la Ronda. A pesar de ello, las negociaciones no han avanzado al ritmo que la Comunidad hubiera deseado.

La Comunidad también participa activamente en el trabajo ordinario de la OMC y, a diferencia de cómo actúan otros países desarrollados, trata de cumplir escrupulosamente con las obligaciones de información y notificación previstas en los distintos acuerdos de la OMC.

La Unión Europea concede una particular importancia al buen funcionamiento del Órgano de Solución de Diferencias (OSD). El OSD funciona como un auténtico árbitro y permite tratar directamente las acusaciones de violación de las normas multilaterales, en vez de dejar que los Gobiernos recurran a acciones unilaterales. La UE es a la vez uno de los principales usuarios y uno de los principales denunciados mediante el mecanismo de solución de diferencias. Defiende la necesidad de una revisión profunda del Entendimiento de Solución de Diferencias a la vista de las contradicciones y carencias que se han observado en su funcionamiento desde 1995.

Por último, la Unión Europea es favorable a la adhesión de nuevos miembros a la OMC, en particular Rusia y Ucrania, y a que se facilite la adhesión a la organización de los Países Menos Avanzados.

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